Después de trabajar casi diez horas planchando sábanas y fundas en la lavandería del Hospital, María volvía con rapidez a su casa. Tenía que preparar la comida antes de que su novio retornara de la Facultad de Medicina, para después de comer, ir a fregar las escaleras de un edificio en el centro de la ciudad. Su preocupación era no perder el autobús; si no lo alcanzaba debía hacer el trayecto a pie desde la huerta, y no le daba gusto pa
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