Antonio Capel Riera

Distinguido con diploma de honor, Insignia y medalla de oro

¡Gracias lexatin!¡Adiós viejo cabrón!

-¡Que apagues la luz!

-¡Que cierres el grifo!

-¡Cuelga el teléfono!

Éstas y más cabezonerías son las que habían aflorado en el carácter afable del marido de doña Toñi. La pobre, por las noches no se atrevía ni a ir al cuarto de baño. Su vejiga hiperactiva no la dejaba dormir, tenía que levantarse con frecuencia.

-¡No enciendas la luz! ¡Con la de la calle se ve perfectamente…!-gruñía el cascarrabias del marido.

¡Quién lo diría! Menudo cambiazo había dado su marido, con lo afectuoso que ha sido toda la vida.

Hasta hace unos meses no era así. Pero, tras pasar el umbral de una determinada edad, es decir, hacerse viejo, se cambia. Aparecen los tres males de los abuelos: tacañería, cabezonería y miedo al agua.

Desesperada, doña Toñi consultó al médico para ver si podía darle un tranquilizante a escondidas en el desayuno.

-¡Claro que sí! –dijo su médico, que conocía el carácter de su esposo.

-¿Usted cree que ya no me insultará? –preguntó angustiada la mujer.

-Por supuesto que no –garantizó el facultativo, condescendientemente.

Doña Toñi respiró aliviada. Pero no tanto por él, sino por ella. La situación de arrebato había llegado hasta tal extremo, que ella se defendía ante los oprobios del marido con insultos de mayor calibre. La mujer jamás había soltado un taco en su vida, pero últimamente se defendía soltando palabrotas, desde “viejo cabrón” hasta “viejo hijoputa”.

Dicho y hecho.

En la taza del café con leche del desayuno, la mujer dejó caer un par de gotas del tranquilizante, y al cabo de unos instantes el abuelo se puso más manso que un cordero. Incluso hasta le apareció una sonrisa bobalicona.

Desde entonces ya no reniega, ha desaparecido su tacañería, la mujer se levanta cuantas veces haga falta al aseo, permite que hable por teléfono con sus nietos…en fin, un cambio radical.

Doña Toñi ya puede encender todas las luces que le venga en gana, dejar correr el agua de la ducha hasta que se ponga caliente. Antes se bañaba con agua fría, no le daba tiempo a que el calentador la calentase…no se lo permitía el viejo cascarrabias: había que ahorrar.

“En la casa del pobre escasean muchas cosas, pero cuando un viejo se encabezona, escasea de todo.” AC


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¡Gracias lexatin!¡Adiós viejo cabrón!

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