Antonio Capel Riera

Distinguido con diploma de honor, Insignia y medalla de oro

Abuelo, ¿y por eso te hicieron Coronel?

Los Hogares del Pensionista y Centros de la Tercera Edad significaron en España un nuevo concepto de vida para los jubilados. Estos Centros Sociales para mayores, promueven la convivencia –a veces difícil- de los pensionistas; y canalizan el ocio y tiempo libre en diferentes actividades, que finalmente siempre son las mismas: jugar al dominó, participar en alguna rifa, bailar los sábados y alguna excursión que otra.

Es variopinto el personal que acude a estos Centros de abuelos: agricultores, pastores, jubilados del ferrocarril, albañiles, mecánicos, amas de casa, etc. de modo que el nivel cultural lamentablemente es limitado porque no han tenido la oportunidad –la mayoría- ni de ir a la Escuela Primaria, siendo la gran mayoría hijos de la guerra y pos-guerra civil española.

Muchos esperan que llegue el sábado porque es el día del baile; ahí se generan muchos flirteos y enamoramientos, algunos acaban en boda; pero son los menos porque los pretendientes al ser la mayoría viudos, prefieren llegar al amancebamiento porque si se casan pierden la pensión de jubilación.

-Prefiero “ajuntarme” para no perder la paga- decía uno de los abuelicos.

Sin embargo, la siguiente historia llama poderosamente la atención. Es el caso de un Coronel del Ejército del Aire, conquistador y galán de la Tercera Edad; deseado y apetecido por las ochentonas y envidiado y odiado por los abueletes.

No era para menos.

A este ochentón, -le gustaba que le llamasen “coronel” unas veces, y otras “piloto”-, tenía un gran poder adquisitivo con respecto a sus compañeros. Su sueldo era seis veces más y en algunas hasta ocho que el resto de los jubilados. ¡Era un potentado!

Sin embargo, su aspecto y forma de vestir desorientaba por su desarreglo ya que usaba colores chillones que no combinaban expresando un mal gusto; se colocaba en la solapa a modo de insignia un descomunal avión, y en la llamativa corbata amarilla colocaba una enorme hélice a modo de sujetacorbatas. ¡Ea!, ¡imposible que pasara desapercibido! Además era chocante que frecuentara un lugar como ese Centro de la Tercera Edad un Oficial de alta graduación cuando podía estar mejor considerado en un Casino Militar.

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